Juan Francisco Peon Ancona (*)Los cinco continentes del orbe celebran este año el feliz centenario del Movimiento Scout Internacional (1907-2007), que se cumplió el pasado 1 de agosto, al conmemorarse aquella primera reunión campestre de muchachos en la Isla de Brownsea, frente a las costas de Inglaterra, bajo la convocatoria de Robert Baden Powell, general retirado del Ejército Británico, héroe de Mafeking en la Guerra de los Boers (África del Sur), quien así materializó la genial idea que venía concibiendo desde los tiempos de sus campañas militares coloniales: la fundación de un nuevo movimiento para la formación integral de niños y jóvenes de todas las naciones, credos y razas, esto es, el Escultismo mundial, que entonces nacía en forma de campamento, vida y destino de todo scout.La feliz idea cundió rápidamente, dio la vuelta al mundo y aquel puñado inicial de muchachos se multiplicó en cientos de miles, repartidos en todas las naciones del universo. Baden Powell vivió lo suficiente para ser testigo del auge que iba cobrando el movimiento que fundó, pero los tamaños que ha llegado a alcanzar, a pesar de los cataclismos bélicos, políticos e ideológicos mundiales transcurridos a través de una centuria, lo dejarían boquiabierto.Y es que es raro el país donde no hay scouts; y donde hoy no existen, casi se puede jurar que los hubo en el pasado, hasta en la misma Rusia, donde fueron fundados en tiempos de los zares. Y en aquellas naciones en que fueron suprimidos por regímenes políticos totalitarios, volvieron a resurgir casi al día siguiente del desplome de dichos gobiernos. Tal es la vitalidad del scoutismo, que parece “irrompible, contra golpes” e inmune a todo género de “virus”.En otros casos, la idea genial del escultismo fue imitada con movimientos juveniles nacionalistas parecidos, a veces semimilitares, o usando la paz como pretexto, pero siempre sometidos al control del Estado. Los planes escultistas de Baden Powell contemplaban la terminación de las guerras, pues el fundador pensaba que si los muchachos de las distintas naciones se unían y hermanaban entre sí, los conflictos bélicos acabarían por declinar y al fin desaparecer.Ya vemos que esto no fue así, pues desde entonces, y después de 1941, año de la muerte de B.P., han ocurrido dos guerras mundiales, y otras grandes y chicas, civiles, raciales, religiosas, etcétera, en medio de un panorama bélico universal que, lejos de mejorar, permanece inquietante. Sin embargo, aquella utopía de B.P. sigue latente, constituyendo una permanente y continua esperanza para la paz de todas las naciones. No han faltado detractores o simplemente analistas que ante aquel supuesto desengaño, declararon fracasado al movimiento escultista. Pero se equivocaron pues, lejos de disminuir, el scoutismo mundial se ha multiplicado en forma tan insospechada, que ni las guerras más feroces ni los antagonismos ideológico-religiosos han logrado hacerlo desaparecer, ni tan siquiera mermar su desarrollo.En agosto de 1947, recién terminada la 2a. guerra mundial, cuando estuvimos en el Jamboree Mundial de la Paz, en la campiña cercana a París, Francia, vimos cosas que sólo el escultismo puede ofrecer: muchachos de naciones beligerantes que poco antes sus padres y jefes se bombardeaban, ametrallaban y mutilaban entre sí, conviviendo alegremente, como si nada hubiera pasado, a pesar de sus heridas y pérdidas familiares y materiales: franceses con alemanes, japoneses con americanos y filipinos, israelíes con palestinos, y judíos con cristianos, ortodoxos con católicos, etcétera, en sui generis ecumenismo.Pero además, aristócratas con campesinos, ricos con pobres, negros con blancos... Entre las delegaciones europeas más importantes destacaban las de Hungría, Checoslovaquia y Polonia, que tristemente, apenas un año después, eran suprimidas por sus respectivos gobiernos totalitarios, por considerarlas “burguesas” y contrarias a la ideología del “pueblo” (?).Cuarenta años tuvieron que pasar para ver el derrumbe de dichos gobiernos y el inmediato resurgimiento de aquellos “olvidados” movimientos scoutistas, cuyos viejos uniformes, escondidos secretamente en desvanes y sótanos domiciliarios, volvieron a salir a la calle. Lo mismo podría suceder en nuestra vecina isla de Cuba, donde antes de su revolución existió un activísimo y ejemplar movimiento scout nacional, suprimido desde 1960.El penúltimo Jamboree Mundial celebrado en Tailandia en 2003, con participación de muchachos de naciones en guerra permanente (v.gr. Israel y países árabes, conflictos árabe-estadounidenses, yugoeslavos, chechenos, africanos, etcétera), demostró una vez más que el escultismo aún está muy por encima de dichas conflagraciones, dando un positivo ejemplo al orbe cristiano y no cristiano. Por noticias de última hora sabemos que ocurrió lo mismo en el Jamboree de Inglaterra (agosto de 2007), que con motivo del Centenario del Escultismo acaba de transcurrir.Los 100 años del movimiento scout constituyen la más oportuna ocasión para dar gracias al Altísimo por los enormes beneficios de sus prácticas y enseñanzas en favor de los niños y jóvenes del mundo, de uno y otro sexo.Yucatán, participante de dichos beneficios, se acerca poco a poco a sus 100 años de vida escultista, 70 de los cuales han gozado de absoluta continuidad. Hoy, tras el paso de más de tres generaciones scoutistas, suman legiones los profesionales, dirigentes civiles y religiosos, y demás gente útil a la sociedad que recuerdan con cariño los tiempos de su niñez, adolescencia o primera juventud, en que pertenecieron a algún grupo scout, donde recibieron lecciones educativas muy útiles y hasta cruciales para sus vidas, lecciones que ningún otro movimiento les pudo haber dado.De todo ese sembrado campo florece el manifiesto apoyo del gobierno y la sociedad, de que hoy goza el movimiento scout de Yucatán, apoyo y simpatía unánimes que no existieron plenamente en otros tiempos y que costó mucho trabajo cosechar.El que esto escribe, viejo producto del escultismo de nuestra tierra, no puede menos que unirse al regocijo mundial al cumplirse la primera centuria de tan benemérita Institución.